A medida que vamos terminando el mes, pero sobretodo en los últimos
días de cada mes, me voy sumiendo en una especie de letargo, algo que, desde
fuera, podría parecer algo fingido, la verdad; Es algo superior a mí, a mis
fuerzas, hace que me sumerja en un estado de desidia, de pasotismo, se podría decir
que mi único horizonte en esos días es la Melancolía, al igual que en la canción
de Sabina es mi cerebro, que a modo de chimenea vomita espesos nubarrones
negros… Nubarrones preñados de incomprensión, de pena por las ausencias,
ausencias que para mí nunca dejaran de ser demasiado prematuras, nubarrones que
enturbian el poco entendimiento del que aun puedo hacer gala y que abocan a mi cansado cerebro, a hundirse
en la ciénaga de mis recuerdos. Como no recordar a la persona que siempre
estaba a mi lado, incluso, cuando éramos pequeñitos, ella siempre me tendió la
mano para protegerme, quizás sea eso lo que más duele, ya que yo, apenas si
alcance a ayudarla. Como podría olvidar a la persona que me lo dio todo, la
vida, los buenos consejos, la humildad, alguien que me enseñó a luchar por lo
justo y a no rendirme jamás. Quizás por ello, hoy, cuando cierro los ojos lo
veo a los dos… Protegiéndome, velando por mí, intentando que no me lastime yo
mismo… Algo que no es tarea fácil
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