jueves, 18 de mayo de 2017

A medida que vamos terminando el mes, pero sobretodo en los últimos días de cada mes, me voy sumiendo en una especie de letargo, algo que, desde fuera, podría parecer algo fingido, la verdad; Es algo superior a mí, a mis fuerzas, hace que me sumerja en un estado de desidia, de pasotismo, se podría decir que mi único horizonte en esos días es la Melancolía, al igual que en la canción de Sabina es mi cerebro, que a modo de chimenea vomita espesos nubarrones negros… Nubarrones preñados de incomprensión, de pena por las ausencias, ausencias que para mí nunca dejaran de ser demasiado prematuras, nubarrones que enturbian el poco entendimiento del que aun puedo hacer gala y  que abocan a mi cansado cerebro, a hundirse en la ciénaga de mis recuerdos. Como no recordar a la persona que siempre estaba a mi lado, incluso, cuando éramos pequeñitos, ella siempre me tendió la mano para protegerme, quizás sea eso lo que más duele, ya que yo, apenas si alcance a ayudarla. Como podría olvidar a la persona que me lo dio todo, la vida, los buenos consejos, la humildad, alguien que me enseñó a luchar por lo justo y a no rendirme jamás. Quizás por ello, hoy, cuando cierro los ojos lo veo a los dos… Protegiéndome, velando por mí, intentando que no me lastime yo mismo… Algo que no es tarea fácil

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