Al hilo de lo visto, de lo soñado, al hilo de todas esas
cosas que perdí, o que no supe conservar; Esas que deje por timidez, o quizás fuese
por inmadurez, es difícil saberlo, pues de ambas voy sobrado. Ahora, al volver la vista atrás, no puedo
dejar de sonreír, o quizás eso que yo llamo sonrisa solo sea una mueca de hastió,
Miro a mi pasado, a todos esos momentos que lo componen, los buenos, esos en
los que la mueca se torna enorme sonrisa, momentos en los que disfrute de la
amistad, ya sabéis, de esa, de la buena, de la que solo encuentras en contadas
ocasiones; del amor, si, ya se, estos últimos fueron breves, pero muy intensos,
tanto como para devastar bajo ese fuego a todo lo demás. Momentos en los que aprendí
muchas cosas, como por ejemplo: a valor las cosas pequeñas, esto, más que
aprenderlo me lo enseñaron, irónico, verdad?
Más aun, cuando quien me lo enseño ya no está; momentos en los que aprendí
a ser mejor, pero no por el hecho de ser mejor, que va, tan solo por sentirme
bien, al saber que soy un poco mejor. Pero también aquí me persigue la ironía,
la misma ironía, ya que quien me lo enseño y pese a hacerme mucha falta,
tampoco esta y de nada vale lamentarme, ya que eso no tiene nada que ver con lo
que me enseñaron.
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