Hoy ha amanecido un día gris, lluvioso, uno de esos en los
que más me apetece es estar en la cama, vagueando, sin nada que hacer,
arrebujado entre las mantas contemplando el paisaje a través del gran ventanal
que hay frente a la cama viendo la explosión de colores, de matices que el otoño confiere a esta hermosa tierra en
la que vivo. Me levanto y me siento en la silla que hay junto al ventanal… Me
encanta mirarla, con el pelo revuelto y ese gesto tan familiar que se le dibuja
en la cara mientras duerme… Mmmm!! El
repiqueteo de la lluvia en los cristales hace que un escalofrío recorra mi
espalda. Vaya!! Esa sensación… Noto como se me eriza el vello… Vuelvo a la
cama, me meto en ella, con cuidado para no despertarla… Vaya!! De pronto se
mueve, se gira, rodea mi cuerpo con sus brazos y apoya su cabecita en mi pecho…
Mmmm!! Por eso me encantan estos días. Pero la cruda realidad es otra… Poco a
poco salgo de ese momento idílico y me asomo a la realidad. Salgo del coche y
una cortina de agua me recuerda que hoy volverá a ser otro de esos días… Uno de
esos en los que mi complejo de Garbanzo se exacerbara.
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