… Con la mente en blanco, perdido, inmerso en un mar oscuro,
en un mar lleno de dudas, de pena, de dolor, solo su recuerdo consigue
mantenerme al otro lado, solo su recuerdo hace que me aferre a la consciencia y
me mantiene cuerdo, sufriendo su perdida, extrañándola, echándola en falta más
de lo que había imaginado, a menudo me pierdo en mis recuerdos y la veo como si
aun estuviera conmigo, como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si nada
hubiera cambiado. Recuerdo mi niñez, son solo retazos de un tiempo en el que
fui feliz cuando pensaba que el mundo me pertenecía, cuando empezaba a
descubrir ese mundo las cosas maravillosas que nos rodean, cuando pensaba que
nada malo podía sucederme, cuando el dolor aun no había llamado a mi puerta; en
esos retazos siempre me acompañaba, me cogía de la mano y no dejaba que nada ni
nadie me hiciese daño… Siempre con una sonrisa; después fuimos creciendo y
tomando cada uno su camino, la vida es muy caprichosa y al final te hace echar
de menos lo que antes echabas de mas, pero el tiempo hizo que volviéramos a
apoyarnos y ahora era yo quien tenía que darle la mano, quien tenía que
defenderla, quien tenía que sonreír por los dos… Llegados aquí, a este punto,
la vorágine en la que se encuentra mi mente alcanza su punto más álgido, es
cuando más cercana se encuentra a esa fina línea que separa lo real de lo
irreal, o es la cordura de la locura, no lo sé, por más que regreso a este
estado no encuentro respuesta, mi mente flaquea asediada por los recuerdos, por
las dudas, por la fe perdida, incapaz de sentir otra cosa que no sea pena, una
pena que me sumerge en la inconsciencia… el único lugar que sabe de mi pena…
Quizás no sea el único… Quizás vosotr@s los que me leéis hayáis atisbado esa
tempestad que no consigo aplacar.
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